Galicia es uno de esos destinos a los que hay que volver una y otra vez por varios motivos. Tiene rincones naturales tan impresionantes como las Fragas de Eume (La Coruña) o el bosque de tejos de Casaio (Orense) o localidades tan encantadoras como Betanzos, Muxía, Fisterra, Santiago de Compostela (La Coruña) o Mondoñedo (Lugo).
Texto: Beatriz Rodríguez
Es también una región donde disfrutar de una espectacular arquitectura religiosa: la iglesia de Santa Mariña de Augas Santas, los monasterios de San Lorenzo de Carboeiro, Santa María de Monfero (La Coruña), Caaveiro (La Coruña), San Xoán de Poio (Pontevedra), la catedral de Santiago y un largo etcétera.
Es posible que hayas oído hablar de los pazos, las casas solariegas típicas de Galicia, de carácter señorial, construidos principalmente en los siglos XVII y XVIII. Estas edificaciones que, según Ramón Otero Pedrayo, fueron “flor y ramo del barroco” (es decir, que supusieron una evolución de una sociedad guerrera hacia una vertiente más humana y pacífica), merecen una visita detenida. Pero, ¿quién se conformaría con verlos desde fuera, pudiendo alojarse en uno? Son muchos los que se han rehabilitado para convertirse en casas rurales.
Normalmente se ubican en zonas rurales o en las afueras de las villas y guardan relación con los castillos de épocas anteriores, en tanto que, una vez perdido el espíritu beligerante, dejaron de ser necesarias torres, almenas y fosos, de carácter defensivo y militar. La mayor parte de los pazos se concentra en el centro de Galicia, donde se unen las cuatro provincias (noroeste de Orense, interior septentrional de Pontevedra, suroeste de Lugo y sur de La Coruña) y en la zona costa zona costera (especialmente en las Rías Baixas).
En su construcción es habitual la utilización de granito y una arquitectura en forma de L, en forma de U o constituyendo un único cuerpo y unos hermosos balcones con la típica terraza gallega orientada al mediodía. También es común encontrar un edificio principal rodeado de un cuidado jardín (una auténtica maravilla en primavera), un palomar e, incluso, edificaciones anexas, como pequeñas capillas para celebraciones religiosas. Sus fachadas suelen presentar conjuntos heráldicos, como símbolo del poderío y la vinculación con la nobleza. Un auténtico lujo que cuenta con el valor añadido de enmarcarse en una de las regiones con más encanto de España: una región en la que hay mucho por recorrer, mucho para visitar y mucho por lo que regresar.
José Jaime
23 de diciembre de 2012Hola,somos poseedores, no de un pazo, ni de casa de indiano, tenemos una vivienda noble, fechada al final del 1700, lo que más llama la atención es: no hay rastro de cemento gris, ni de ladrillo, solo existe piedra y madera. Su construcción, a pesar de algunos cambios a lo largo del tiempo, denota, que en sus principios, fue creado con la guía de un arquitecto, las proporciones y el orden así lo delatan. Salta a la vista que la obra, fue creada sin parones, ni añadios sin orden. Está sin restaurar, es un proyecto a largo plazo, el cual me proporciona satisfacciones sin límite, para ejemplos los siguiente: El primer día que la vi, una mañana de invierno, me encantan los paseos por el rural gallego y al girar en un recodo, me la encuentro, en una ondanada del terreno, allí estaba, en una “furna” . Cuando paseas tanto por las aldeas y descubres tamaño tesoro, te quedas petrificado ante lo que no cuentas con ver, en ese lugar. Cuando se la muestro, a quien la desee visitar, siempre realizo el mismo recorrido, todos al ver el lugar, se muestran encantados con el entorno, el paisaje granítico, las viviendas típicas y zas, se dan de bruces con tamaña obra. La limpieza la realizo personalmente, los decubrimientos son continuos y la satisfacción sin límite . Me despido sin más, un saludo.