«La Rusia contemporánea y el mundo»

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) el país con el que EE.UU. y Europa mantienen mayor animadversión, tensión y miedo es con Rusia (heredera política y militar de la extinta Unión Soviética). Los políticos y los medios de comunicación occidentales suelen retratar repetidamente a Rusia con etiquetas tales como despotismo putiniano, corrupción endémica, oligarcas mafiosos, represión antigay, expansionismo militar… De esa rusofobia, pero también de la rusofilia que despierta el gigante euroasiático entre los políticos europeos más extremistas (de derecha e izquierda), trata fundamentalmente el libro «La Rusia contemporánea y el mundo». 

Reseña, foto y vídeo: José Carlos Pozo

La Rusia contemporánea y el mundo

  • AutorCarlos Taibo (1956-Actualidad)
  • NacionalidadEspañola
  • País tratadoRusia
  • EditorialLos Libros de la Catarata (2017), 206 páginas

¿Por qué reseñar un libro de política en un blog de viajes? Porque para intentar conocer mejor un país no deberíamos limitarnos únicamente a visitar sus ciudades, monumentos o parques naturales, además de relacionarnos con sus más diversas gentes. Tendríamos que interesarnos también por sus costumbres, su gastronomía, su literatura, su lengua, su historia y, por supuesto, su política. Con este libro nos adentramos en las distintas facetas económicas, políticas, militares y sociodemográficas que conforman la Rusia contemporánea, un país que en mis visitas de los últimos años he visto en permanente cambio y bastante alejado de algunos prejuicios previos que llevamos desde Occidente.

El autor de “La Rusia contemporánea y el mundo” es Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y gran conocedor de la historia política de Rusia, como atestiguan sus diversos libros sobre esta temática: “Rusia en la era de Putin” (2006), “Rusia frente a Ucrania” (2014) o “Historia de la Unión Soviética” (2017).

Por una parte, pudiera parecer que las páginas de este libro “disparan” argumentos antirusos a mansalva. Así, por ejemplo, aunque se celebren elecciones con varios partidos políticos y los empresarios tengan cierto margen de maniobra, Taibo define Rusia como “una democracia de baja intensidad”, caracterizada por “un capitalismo de perfiles mafiosos”, puesto que son los oligarcas, con sus mastodónticas corporaciones económico-financieras, los que dirigen la vida rusa. Según un informe de 2016 elaborado por Credit Suisse Global Wealth Report, Rusia es el país más desigual del mundo, puesto que el 1% de la población (los más ricos de Rusia) ostenta el 74% de la riqueza de Rusia, uno de los países con más recursos naturales del mundo: atesora el 45% de las reservas internacionales de gas, el 25% de las de carbón y el 13% de las de petróleo.

De Putin dice que es “pragmático, astuto, cínico e idealista”, un personaje camaleónico que se aprovecha de elementos aparentemente antagónicos: alienta la ortodoxia religiosa y a la vez añora la época soviética, fomenta el nacionalismo económico y también un liberalismo innegable. Y por mucho que se haya creado una leyenda alrededor de Putin como intratable ante los inmorales oligarcas, Taibo es categórico al afirmar que no ha conseguido ponerlos firmes, como mucho a solo tres de ellos (Boris Berezovski, Vladimir Gusinski y Mijaíl Jodorkovski) y porque quisieron hacerle frente en política.

La Rusia contemporánea y el mundo

Monumento en homenaje a los héroes rusos caídos en la Primera Guerra Mundial en Park Pobedy, un enorme parque en Moscú dedicado a las victorias rusas en las dos contiendas mundiales

Por otra parte, son muchas las páginas que nos podrían hacer pensar que se trata de un libro prorruso, ya que el autor le da bastante caña a la superioridad moral de EE.UU. y de sus aliados, que se otorgan para sí mismos una conducta más limpia, respetable y generosa que la de Rusia para intervenir e imponerse en aquellos lugares del mundo donde lo crean conveniente. Taibo critica que a Rusia se la ve como una sociedad arcaica y primitiva, que siempre provoca y desafía. En Occidente “siempre se sopesa qué es lo que Rusia debe hacer para satisfacernos”. En cambio, no se entiende y ni se acepta que Rusia tenga el legítimo derecho a sentirse amenazada por las potencias occidentales en su espacio geopolítico circundante, y que le lleve a realizar acciones militares como la de Georgia en 2008 y la de la anexión de Crimea en 2014.

Taibo clama también contra los medios de comunicación occidentales -en mi opinión, con toda la razón del mundo-, porque casi nunca distinguen entre los rusos y sus gobernantes, entre la gente de la calle y Putin y sus secuaces.

Con el panorama político mundial, con el imprevisible Donald Trump en la Casa Blanca y con el antiguo espía Vladimir Putin dirigiendo Rusia, con las acusaciones de intromisión rusa en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas y con la implacable intervención militar rusa en Siria, ¿es posible una nueva guerra fría? Por mucho que así se alimente en la prensa sensacionalista y también seria de un lado y otro lado o por las películas de nuevos espías que tan de moda están otra vez, Carlo Taibo responde con rotundidad que no se dan objetivamente las circunstancias, entre otros motivos porque la política exterior rusa tiene un carácter fundamentalmente defensivo, porque actualmente no hay dos ideologías contrapuestas (ahora Rusia también es un país capitalista) y, sobre todo, porque la disparidad entre el gasto militar de los países es abismal: en 2017 Rusia gastó unos 59.000 millones de dólares frente a los 604.000 millones de EE.UU. o los 145.000 millones de China.

A modo casi de conclusión, el autor de este libro, de fácil y amena lectura, deja una frase bastante elocuente de Stephen F. Cohen, profesor emérito de estudios de política rusa en la Universidad de Princenton (EE.UU.):

“En este mundo globalizado es imposible aislar a Rusia. Rusia es demasiado grande, es demasiado rica y está demasiado interconectada”.

La Rusia contemporánea y el mundo

Los rusos se sienten orgullosos de su legendario tanque T34 que supo ganarle la guerra a los blindados nazis en la Segunda Guerra Mundial, como muestran en esta exposición delante del Museo del Hermitage de San Petersburgo

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