Laos y Camboya, destinos “amables” del Sudeste asiático

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Vietnam, Laos y Camboya son tres países vecinos que comparten geografía, pero que difieren sustancialmente en idiosincrasias, modos de vida y valores. En el primero, se percibe la poderosa influencia de China. En cambio, los dos últimos tienen más similitud con la India. Laos y Camboya son auténticos remansos de paz, cuyos moradores dan la bienvenida a los viajeros con una impagable amabilidad. El Mekong, arteria fluvial dominante, impregna con su plácido curso de vida y magia a toda la región en la que he emprendido una nueva aventura mochilera.

Texto: Francisco Cepas / Fotos: Antonio Cebrero y F. Cepas

Angkor Wat, Camboya

Monjes budistas en el complejo de las ruinas de Angkor, uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo -A.Cebrero-

Las estatuas de Angkor representan a dioses, demonios o reyes

Las estatuas de Angkor representan a dioses, demonios o reyes -A.Cebrero-

Expectante ante nuevas emociones, el inesperado contraste entre Vietnam y Laos-Camboya me sorprende sobremanera. Atrás quedó la hiperpoblada (casi 100 millones) y, para algunos, desquiciada sociedad vietnamita. Para que el lector reflexione, nada mejor que dos botones de muestra: en Vietnam viven en una constante e insana avidez por el dinero, mientras que en Camboya y en Laos los lugareños quieren y cuidan a sus animales de compañía.

Primero recalo en Phnom Phen, la capital de Camboya. A pesar de los sobrecogedores campos de exterminio de los Jemeres Rojos, a cuyo mando estuvo el genocida Pol Pot, los camboyanos han logrado -sabiamente- convertirse en seres sin rencor. Estoy convencido de que en esta capacidad para olvidar las dramáticas escenas del pasado tiene que ver muchísimo el omnipresente budismo, doctrina que predica la misericordia universal. De veras que siento una profunda admiración ante esta loable actitud.

Las ruinas de Angkor

Días más tarde llego a la pequeña ciudad de Siem Reap, donde se encuentran las milenarias, grandiosas y bien conservadas ruinas de Angkor. Los turistas son, en su mayoría, anglosajones, centro y norte-europeos y japoneses. Los hispanos, en cambio, brillan por su ausencia en estos lares. Sueño de todos los arqueólogos, Angkor no tiene nada que envidiar al Machu Picchu o a otras maravillas del mundo. Merece la pena recorrer sin prisa esta proeza arquitectónica mientras uno se imagina la indescifrable e indómita voluntad desplegada por una civilización para llevar a cabo esta incomparable construcción, que resiste el paso de los siglos sin apenas inmutarse. Quienes proyectaron e idearon Angkor desaparecieron, pero su esplendor permanece en innumerables bloques de piedra maciza que fueron tallados con elegancia y, en ocasiones, desafiando la imaginación más desbordante. Las piedras están incrustadas en enormes y fascinantes árboles milenarios.

Templo de la serpiente en Vientian, Laos

Templo de la serpiente en Vientian, Laos

Vientiane y Luang Prabang

Y, por fin, me hallo en Laos, “el país del millón de elefantes”. Ése es el pensamiento que me asalta al entrar en el último país del “Triángulo de Oro”. En Vientiane, la capital laosina, me envuelve -no por azar- una atmósfera surreal, un sentimiento de estar al mismo tiempo en una excolonia francesa y en un país indoasiático. Una y otra sensación se funden cuando se camina por sus calles. Ambas influencias hacen inevitable evocar al inefable dibujante francés J.G. Moebius, porque en las ensoñaciones de sus obras (“El garaje hermético”, “El Incal”, etc.) plasma certeramente ambos mundos unidos en un perfecto sincretismo. Vientiane es reflejo de la estilización cartesiana gala más el sosiego y la fantasía del budismo interpretados por el pueblo laosiano.

Río Mekong

Río Mekong a su paso por un pueblo laosiano

Sabaidii”. Así es como saludan los acogedores habitantes de Laos. Arribo a Luang Prabang, al norte de Laos. La ciudad está plagada por multitud de templos y estupas. Y, voilá, otra vez la France. Edificios, restaurantes o panaderías llevan el inconfundible sello francés. Pero lo que realmente me atrae son las estatuas de Buda que sonríen compasivas por doquier invitando a los visitantes a que se relajen y se encuentren a sí mismos. Acude de golpe a mi mente la referencia occidental que podría definir la paz que irradia Luang Prabang. Me refiero al escritor estadounidense Ray Bradbury, famoso por su obra “Crónicas marcianas”, que habla de alcanzar el éxtasis por diferentes caminos. La energía que desprende el aire de esta ciudad penetra en la inteligencia emocional de sus moradores y les sugiere que intuyan que el Edén, si existe, está al alcance de la mano. No muy lejos de aquí cualquiera puede descubrirlo. Basta con saber encontrar la llave, que es personal e intransferible. Quizás existan tantos Edenes como personas hay.

De Laos me llevo el recuerdo de interminables arrozales, especias de intenso olor, flores de loto, verdes montañas, monjes y túnicas, el río Mekong, el color miel, las cataratas y niños jugando por las calles.

Escuela infantil en la capital de Laos

Escuela infantil en la capital de Laos

Nuestro redactor -Paco- hace amigos allá donde va

 

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2 Responses to Laos y Camboya, destinos “amables” del Sudeste asiático

  1. Noelfy dice:

    Articulo precioso Paco!
    ¿que quieres que te diga? Que cada vez tengo más ganas de perderme un par de meses por ahí!
    Un saludo,

    Noelfy

  2. Selena dice:

    Eres un escritor excelente! Espero poder leer mas sobre tus aventuras y pensamientos 🙂

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